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Nano Orte: práctica social
Return Magazine (2015)

Link al nº1 de la revista RETURN

Existe un arte que se siente incómodo al entrar en el museo o en la galería. Me refiero a un tipo de arte que es concebido para estar en la calle a la vista de todos, y que cuando entra en la exposición para ser analizado se deshace. Su valor es, más que intrínseco, extrínseco: su interés se mide en los cambios que proyecta y en su dimensión moral. Se trata de un arte que no es complejo, pero que sin embargo, proyecta complejidad.

Entender el arte social dentro del ámbito artístico es incómodo. El entramado que envuelve el arte con sus esquemas de producción, circulación y legitimación impone unas reglas que, siendo consecuente con sus propias intenciones, la práctica social debe obviar. Mientras que la obra de arte en general necesita del contexto artístico para ser investida como objeto social, el arte social - que mejor llamaremos “práctica social” - es desde el momento que toma el espacio público parte de lo colectivo.

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Estos proyectos tienen la intención de hacer visibles tensiones sociales todavía no problematizadas. Con ello se quiere llevar cuestiones que son vividas de manera individual al terreno colectivo, y así, hacer visibles posiciones minoritarias a la mirada del “otro”. A través de estos proyectos no se persigue hacer circular un nuevo relato sino generar un terreno de encuentro y de negociación de subjetividades.

La Bandera Catalanoespañola cosida por un sastre paquistaní es un objeto que vive de la contradicción simbiótica. Cuando una persona ondea una de las banderas, irremediablemente agita también la opuesta. Al activarse se generan múltiples interpretaciones, juicios morales y relatos, lo que hace de ella un objeto vivo en torno al cual pasan cosas que revelan el momento histórico.

Tanto la Catalanoespañola como la Catalanopaquistaní hacen de la bandera un terreno de negociación de la idea de la demos. Sin embargo en el caso de la Bandera Catalanopaquistaní, esta es un objeto de reafirmación y empoderamiento social. Ella se concibe como herramienta de reafirmación de lo mestizo en un contexto nacionalista. El artista concibe un símbolo que los vecinos del barrio del Raval de Barcelona usan según ellos creen adecuado.

Lo público sin espacio será clandestino es una acción en la que se repiensa la protesta en un contexto de limitación de libertad expresión. Utilizando numerosos clichés de la revolución y el contrapoder (pancarta y megáfono) se articula una acción a la vez poética e irónica: carraspear y toser durante horas frente a una sede gubernamental. Así, se pretende llevar la voz muda a un terreno alusivo: estamos aquí, y aunque no podamos hablar, os vigilamos. También en el terreno de lo simbólico, el Rapto del Congreso lleva el Parlamento español a una nueva materialidad dúctil y de empoderamiento ciudadano.